
Después de algún día haciendo el gandul, he vuelto a abrir el correo del trabajo y he hecho un descubrimiento: soy un ligón. Jo, estoy más contento. Quién me lo iba a decir a mí, que la última vez que una mujer me dijo algo agradable fue cuando aquella venerable anciana me regaló un maravilloso "Gracias, guapetón" el día que la dejé colar en el súper porque sólo llevaba una caja de galletas sin azúcar.
Resulta que el nuevo año me ha regalado un ejército de mujeres que quieren intimar conmigo... Bueeeno, vaaale, de acueeerdo, un ejército no, pero que conste que cuatro sí, ¿eh?
Tengo el ego, que no hay quien me tosa.
Me han enviado fotos y parece que sus intenciones son formales, que ya está uno harto de tanta pelandrusca. Vale que sus sintaxis a la hora de expresarse, ya sea en castellano o en inglés, son un pelín singulares, pero oye, más majas que son.
Esta se llama Olga, como mi vecina, y dice que quiere una foto mía. Yo estoy por enviarle una en la que se me ve de espaldas. Al fin y al cabo no habrá demasiada diferencia entre nuestras fotografías porque con la cantidad de maquillaje que parece que usa, me da la impresión de que cuando se desembadurne, lo mismo aparece una doble de doña Esperanza Aguirre.

Esta otra se llama Ekaterina y tiene 36 años. Yo le llamo Katty. La confianza, ya sabes.
Me cae un pelín mal, la verdad, porque eso de empezar una tierna misiva de amor diciendo que la diferencia de edad es lo que menos importa, no sé cómo tomármelo. Es como si yo contesto a su carta y le digo que la diferencia de talla de sujetador no es obstáculo para nuestro amor.
La tercera se llama Lena y es una tierna jovencita de 29 años. Me cuenta que ha recibido mi carta y que la ha enamorado, lo cual me llena de orgullo. Si sin haberla escrito cae rendida a mis pies, no quiero ni pensar lo que va a ser de ella cuando despliegue mi prosa cervantina.
Y ésta es la cuarta. No me acuerdo de su nombre (todavía tengo resaca) pero no sé por qué me ha parecido un pelín fresca. Es que me cuenta que lo que más le gusta es "hacer hijos" y la verdad, para ser la primera vez que se dirige a mí, con lo tímido que es uno, considero que va demasiado deprisa.
Debo reconocer que hay algo que me tiene un poco intrigado. Todas son rusas, lo cual ya es casualidad, ¿no? No sé a qué se debe esta coincidencia pero pensando, pensando, creo haber dado con la solución. Me da la impresión que mi legendaria pasión latina ha traspasado nuestras fronteras y ya va camino de Siberia. Me extraña, eso sí, que en el viaje de mi afamada pasión, no me haya escrito ninguna española ni ninguna francesa, pero ahí estoy, sin perder la esperanza.
Un amigo mío me ha dicho que tenga cuidado, que se trata de un timo o algo así, pero está claro lo que le pasa al muy mamón. Se muere de envidia. Mientras a mí me agasajan mujeres de infarto, a él sólo le envían anuncios de Viagra y a juzgar por lo soso que es, ni así, oye.
Te dejo, que voy a leer el correo otra vez para ver si mi singular atractivo ha sido la red en la que ha quedado atrapada otra bella doncella. Mira que si esta vez me escribe una finlandesa...