Hoy no quiero hablarte de mi dolor. Hoy no quiero decirte que ya no es sólo tu ausencia la que despedaza mi alma. Que ahora es tu recuerdo, que son tus palabras, que es tu ser, que es tu luz.
Hoy no quiero confesarte que ahora tengo miedo. Que cada mañana me aterra despertar y ser aplastado otra vez, sin misericordia, por esta espantosa pesadilla.
Hoy no quiero contarte que grito con rabia, que le pido al cielo una señal que me indique que me oyes, que me escuchas, que me quieres.
Hoy no quiero gritarte que me siento solo, desamparado y roto, que me falta tu abrigo, que me falta tu voz.
Hoy, papá, cuando ya hace un mes que te fuiste, tan sólo quiero decirte otra vez gracias. Gracias por haber sido el mejor de los padres, gracias por no haberme fallado nunca, gracias por tus besos, por tus abrazos, gracias por tus sonrisas, gracias por haberme enseñado a perder, por tender tu mano en mis caídas, por hacerme seguir. Pero sobre todo, luz de mi vida, por encima de todo, hoy quiero decirte gracias por haberla querido tanto, por haberla cuidado y respetado en cada instante, por haber vertido sobre su bello rostro, todos los días, la más tierna de tus miradas, por haber sabido hacerte digno de ella y haber sido el marido que siempre mereció.
Gracias por todo, mi ángel bueno.
Siempre unidos, papá. Siempre.








