21 febrero 2007

El síndrome de Koro

Cuando recibí el testigo del meme del artículo anterior me pregunté qué es lo que le mueve a uno a seguir la cadena que le han propuesto. Supongo que debe haber varias razones y que dependen de cada caso. No sé, por educación, por deferencia, porque agradan las preguntas que se hacen, por cierto afán exhibicionista, porque uno no tiene ni idea de qué escribir en el próximo post y así ya te solucionan la papeleta, etc.
El caso es que visitando a mi amigo El Churruán aprendí que si no sigues la cadena (cito textualmente) “...te caerán 10 años de fealdad, te robarán un riñón en un motel de mala muerte...” y cosas similares. Seguro que a todos nos ha llegado alguna vez una misiva de esas en las que “amablemente” te informan que por romper una cadena a fulanito le saltó el esmalte de una uña, a menganito le llegó con recargo la factura de la luz y a la abuela de zutanito se le quemaron las croquetas.
Cuando leía a mi amigo, además de reírme un rato, empecé a pensar en desgracias que le pueden ocurrir a aquel que ose romper un meme. Me vino a la mente como uno de los peores males que te pueden sobrevenir, algo que leí una vez no sé dónde. Una enfermedad poco conocida pero con un nombre que, de entrada, acongoja: el síndrome de Koro. Sí, ya sé que suena a síndrome propio de un cómic manga, pero parece ser que es una enfermedad real.

No tengo en casa ningún libro de Medicina por lo que he recurrido a la red para asegurarme de que aquello que a mí me sonaba tenía algún fundamento científico. El caso es que he encontrado una página donde se dan todo tipo de detalles y aquí os la reproduzco. Aviso al personal masculino que esta noche ya no dormirá tranquilo. Bueno, ni ésta ni ninguna más.

“...Más conocido es el Koro, un síndrome en el que el paciente tiene la convicción de que su pene (elemento yin, vital) se va encogiendo hasta desaparecer dentro de su abdomen,...
Acojona, ¿eh?.
Que digo yo, un korópata de estos ya no mojará la taza del váter pero pondrá las paredes como para apoyarse en ellas. Ahora entiendo por qué están así los lavabos públicos de las estaciones. Yo antes lo atribuía a la pésima puntería del miccionante pero resulta que todo es culpa del Koro éste.

“...lo que se acompaña de una enorme angustia...”
No, si te parece lo celebrará con cava e invitará al vecindario. Si es que estos médicos también... Tienen la gracia donde yo me sé.

“... y del temor a que el proceso de retracción culmine en la muerte...”
En la muerte no sé, pero seguro que no vuelves a jugar, en tu vida, un partido de fútbol con los amigos por miedo al qué dirán en la ducha. Que luego la gente es muy criticona.

“...Se considera que el koro es un trastorno psicógeno ligado a factores cultura­les,...”
Si en este país se leía poco, a partir de ahora va a leer su padre. Tanta cultura, tanta cultura, para qué, ¿para que te la confundas con un brote de acné?

“... puesto que es endémico en zonas del sudeste asiático...”
Uff, menos mal. Viva España.

“...en las que está firmemente arraigada la creencia taoísta en la actividad de los humores Yin y Yan en los seres hu­manos...”
El yin nos lo han definido antes, pero ¿qué debe ser el yan? No quiero ni pensarlo. Ya puestos a ponerle nombres raros a los atributos humanos, en lugar de yin y yan podrían ponerles nombres más graciosos o al menos más conocidos, no sé, Mortadelo y Filemón o Astérix y Obélix.

“...El fenómeno reviste el especial interés de su contagiosidad,...”
¡Aquí nos han matado! ¡Es contagioso! Ya veo a los pobres vietnamitas que quieran entrar en Europa con los pantalones por los suelos y un guardia civil apuntando en el pasaporte el calibre de cada uno. Cómo se va a poner la Ley de Extranjería.

“...demostrada por las epidemias de Koro recogidas en la literatura...”
Lo dicho, en este país no van a leer ni los académicos. Que por cierto, es que hay gente para todo. Pero quién narices se dedica a recoger para la literatura epidemias de Koro, ¿pero no han dicho que es contagioso? También son ganas de arriesgarse.

“...Y parece que incluso puede extenderse a otras culturas y entornos geográficos, como lo sugieren los casos que poco a poco se van describiendo en otras zonas del mundo, muy distantes del sudeste asiático...”
Pase lo del rollito primavera con salsa agridulce, pase lo de la proliferación de los bazares “El Dragón Rojo”, pase lo de la gripe aviar puesto que de algo hay que morirse, pero lo del Koro. Eso ya es tener mala leche. ¿Les exportamos nosotros a Isabel Pantoja?, o lo que es peor, ¿a Paquirrín?.

Amigos, y me refiero a los hombres, ya lo sabéis. Si recibís un meme apresuraos en contestar. Quizá la vida no os vaya en ello, pero ya son ganas de tener que cambiar de marca de ropa interior.

17 febrero 2007

Mi primer meme

Nunca había participado en una de estas cadenas diabólicas que llaman "memes". Recordad que para mí el mundo bloguero todavía es nuevo y por tanto, todo me sorprende. Reconozco que me comporto como si fuera un turista japonés miope, que soltamos sin mapa, en plenas Ramblas de Barcelona, el día de Sant Jordi.
Ya había visto memes en algunos blogs. Los hay especialmente terribles y ante los cuales un servidor tan solo sabría responder "Pasapalabra". Otros son especialmente incisivos con la vida personal de cada uno y esos son los peores porque ante preguntas como "¿Has aparcado alguna vez en doble fila?" todo el mundo contesta que no, de lo cual uno debería deducir que los mamones que no nos dejan sacar el coche, cuando nos vamos a trabajar por la mañana, no escriben en los blogs. Quién sabe.
Hoy me estreno. El más que brillante don-aire me ha disparado con el siguiente cuestionario.

¿Qué cosas tiene España que te animarían a irte a vivir a otro país si tuvieras la oportunidad?
¿Qué te resulta insoportable en la sociedad / sistema económico / política / cotidianidad española?
¿De qué huirías de la cultura de este país?
En resumen, tres razones que te animarían a irte de España de tener la oportunidad”.

Bueno, pues vamos allá.
1.- Quiero vivir en un país donde las ciudades estén hechas para las personas y no para los coches. Un lugar donde caminar por la acera sea posible sin que algún "Sólo es un minuto" te obligue a bajarte de ella para acabar pidiéndole al bebé de siete meses que llevabas en el cochecito que te ayude a recoger las naranjas que se te han caído al tropezarte con el bordillo mientras esquivabas a la furgoneta que se te venía encima mientras su conductor, a grito pelado, se defecaba en todo tu árbol genealógico.
2.- Quiero vivir en un país donde una mujer tenga el mismo salario que un hombre si hace el mismo trabajo que éste, donde su valía no se mida según la longitud de su falda, donde no tenga que pedir perdón por ser madre, donde los hombres sepan que las planchas no funcionan solas, que conviene enchufarlas y que la ropa está limpia no porque la suciedad se haya ido de copas.

3.- Me gustaría vivir en un país donde la gente no crea que tiene más razón porque grita más, donde los decibelios de las conversaciones sean los apropiados, donde tengamos derecho a no saber qué llevaba puesto el hijo de la señora que viaja cuatro asientos más allá en el tren, mientras se lo comenta a su amiga Mari Pili y donde la primera vez que entiendes lo que significa la palabra "silencio", no sea precisamente el día que te has muerto.

Espero, eso sí, que donde vaya hagan la tortilla de patatas como aquí. En caso contrario no sé que será de mí.

Traspaso la cadena, o dicho de otra forma, le hago el correspondiente tocamiento testicular a este trío de gamberretes.
El churruán, por cotilla y mirón, a Ruth, porque a quien ha batallado en según que escuelas norteamericanas y españolas no hay meme que se le resista y a apesardemi porque lo de los pantys masculinos no tuvo precio.

13 febrero 2007

Martes y trece

Dice el refrán, Martes y trece, ni te cases ni te embarques.

Yo creo que no hay espejo roto en el que no me haya mirado, escalera por debajo de la cual no haya pasado, carta astral que no haya enviado sin sello, gato negro que no haya acariciado, tarot con el que no haya jugado al siete y medio, caca de perro que no haya pisado… De acuerdo, esto último, en mi pueblo, no tiene mérito, porque tal y como están las calles, lo difícil es no pisarlas.

Incluso una vez que tenía que resolver unos ejercicios de Física para el colegio, me construí una ouija con las fichas del Scrabble, a ver si podía contactar con Einstein para que me los resolviera él. Debía estar muy ocupado en el espacio-tiempo donde se encuentra ahora, porque lo que es a mí no me hizo ni caso. A lo mejor lo que pasó es que me habló en alemán y no me enteré. No sé si existen diccionarios castellano-ouija, ouija-castellano. Buscaré en Google.

Me encanta provocar a las fuerzas oscuras, pero la deben tener tomada conmigo porque oye, ni un mal de ojo, ni un triste sarpullido, nada de nada. Que el horóscopo chino, vietnamita o marciano dice que los cáncer tendremos problemas con la espalda, pues decido cambiar un armario de habitación, a ver si me deslomo. Como mucho acabo con un hambre que me muero y con agujetas en los brazos, pero lo que es la espalda, como si no hubiera hecho nada. Que me dice que tendré problemas con mi mujer, pues me dedico a mezclar en la lavadora la ropa blanca con la de color (esta estrategia es infalible). Tampoco funciona. Encima ella me da las gracias porque así no se nota la mancha de Cola Cao en aquella sábana de la niña (la próxima vez no echaré suavizante, a ver si así...). Es que no hay manera. Para mí que mis padres me engañaron con la fecha de mi nacimiento y en lugar de en Julio, nací en Diciembre. ¡Mira!, como el niño Jesús. De esta forma, al decirme que mi cumple coincidía con las vacaciones, se ahorraban una pasta al no poder invitar a mis amigos a mi fiesta. Ojala este año me confiesen la verdad.

Me gustaría ser como un amigo mío, un poco gafe él, que independientemente del día tiene un poco de mala suerte. Un día fue al dentista a hacerse un empaste y salió operado de fimosis. Y encima le dijeron que era un error sin importancia. Hay que ver cómo está la sanidad últimamente. No quiero ni pensar a qué le olerá el aliento ni lo que querrá decir realmente cuando dice que está que muerde.

Hoy es martes y trece. Qué alegría, otra oportunidad de ver si realmente estos seres malignos se ceban conmigo de una vez. Lo de casarme hoy lo veo difícil. A estas horas y con lo lentos que son los funcionarios de mi pueblo, ya no me da tiempo a divorciarme y volver a contraer matrimonio, pero lo de embarcarse habría que probarlo. Esta mañana quería llenar la bañera y navegar con la pequeña tabla de surf de Buggs Bunny que tienen mis hijas. Pero nada, enseguida ha llegado mi mujer y me ha dicho que ni se me ocurra desperdiciar agua, que hay escasez y no es cuestión de malgastar un bien tan preciado. Quién me mandaría casarme con una ecologista. Y encima un día 20.

11 febrero 2007

Carta abierta al amigo de mi troll

Ante todo quiero pedir disculpas por el texto que ahora publico. Me tengo por una persona pacífica a la que no le gusta polemizar con nadie. Este no es mi estilo, en absoluto, pero me enorgullezco de poseer un apéndice nasal considerable, el cual, al ser tocado de manera insistente provoca en mí reacciones no deseables. Perdonadme, por favor.

Estimado señor Triste Romeo.
Reconozco que me he sorprendido al ver su comentario en el post anterior. He dudado si eliminarlo o dejarlo a la vista de todo el mundo para su escarnio público y mire qué cosas, he elegido la segunda opción. Acto seguido me he dado el gusto de responderle, pero teniendo en cuenta que le obligaría a contar hasta dieciocho, sin calculadora, he creído mejor para el bien de su funcionamiento neuronal, dejárselo escrito a la vista de todos. Me ha pillado generoso hoy.

En primer lugar me gustaría agradecerle que, en lo sucesivo, utilizase otro espacio para depositar sus residuos biliares. Es que luego se pone todo perdido y es un fastidio andar con la fregona de un lado para otro. Lo comprende usted, ¿verdad? Estamos en tiempos de sequía y no es cuestión de ir malgastando recursos.

Le doy las gracias por sus amables consejos. Como verá a continuación son del todo innecesarios por lo que no quisiera causarle una pérdida de tiempo. Seguro que el cultivo de su misoginia o su intolerancia le requerirán toda la atención del mundo. Yo, en cuestión de consejos, me quedo con los de mi madre. De momento, no me ha ido mal del todo haciendo lo que ella me ha recomendado. Es que mi madre es de las que ya no quedan.

De todas formas, y como cobro modesto a esta publicidad que se está haciendo a costa mía, permítame que le diga, aun a riesgo de parecerle un tanto prepotente, que se está equivocando de adversario. Menudo día lleva usted. La próxima vez infórmese un poco antes de exponerse a que algún “rojillo” le pueda vapulear. No es que un servidor de usted tenga el ego por las nubes, más bien al contrario, pero entienda que le faltan a usted unos cuantos yogures (no se los tome desnatados, que no alimentan tanto) y un poquito de información para que podamos establecer un debate con un mínimo de emoción. Le recomiendo que coja su estuche de Pokemon (a lo mejor el suyo es de los Teletubbies) con los doce plastidecor de colorines, la goma, el lápiz y el sacapuntas y atienda más en clase. Que luego nos creemos que podemos ir por ahí con cuatro reglas mal aprendidas. A ver si nos aplicamos más.

Dicho esto, pasemos a contestar su “amable” “escrito”. Vamos por partes, ¿le parece bien?

1.- Las misas me las sé hasta en latín medieval. Ya ve, yo de niño era un poco empollón. A pesar de ser de Ciencias todavía recuerdo aquello del “quis, quae, quod...” Si quiere, un día que los dos tengamos tiempo se lo puedo demostrar. Incluso una misa cantada si le apetece (que la música sea de Mozart, por favor). El Kyrie de la Gran Misa en do menor (K. 427) es espléndido.

2.- Sé lo que es una iglesia, un convento, un monasterio, una catedral, una ermita, una capilla, una sacristía, un templo expiatorio... También sé lo que es una mezquita o una sinagoga. Es que aquí donde me ve, aunque parezca poca cosa, tengo mucho mundo. ¿Sabe usted lo que es una biblioteca? ¿y un museo?

3.- Vamos a lo de las fiestas. Mire, el primero de Mayo, le explico a mis hijas por qué los trabajadores celebran ese día y por Navidad me pongo ciego de turrón. ¿Qué le parece? Se me olvidaba, el día del cumpleaños de mis hijas, cenamos fuera de casa, vamos al cine y el sábado siguiente al parque de atracciones. Si es que en cuestión de fiestas uno es un profesional.

4.- Del pequeño “affaire” que tuvo usted con morgana estuve puntualmente informado en todo momento. Lamento comunicarle que su metedura de pata es de tal calibre que acaban de decirme que en Nueva Zelanda han encontrado el cordón de su zapatilla. Espero que como mínimo se haya lavado los pies y se haya cortado las uñas, no es cuestión de ir causando conflictos internacionales por ahí. Ya que cita tan desagradable incidente, déjeme que le diga (y no se ofenda, hay que saber perder) que el repaso que le dio mi amiga la hechicera fue para enmarcarlo. Yo estoy por hacer postales y repartirlas entre mis amigos. No se preocupe, ya le pasaré la comisión correspondiente. Al fin y al cabo sin su incompetente colaboración hubiese sido imposible asistir a semejante baño.

5.- A lo que usted llama “censura” es a lo que las personas civilizadas llamamos higiene. Ya ve lo que da de sí el diccionario. Comprenda que hay lugares donde los insultos no están bien vistos y donde la agresión verbal no racional no tiene por qué ser tolerada.

6.- Por las razones dadas en los puntos anteriores considero, y seguro que usted también, que lo del ridículo, pues como que va a ser que no.

7.- No tengo el placer de conocer muy bien, como erróneamente afirma usted, a ese señor de tan pintoresco nombre. Tuve la desgracia que en un cierto momento se introdujo en mi espacio, sin venir a cuento, con intenciones no demasiado cordiales. Comprenda que esto no es Lourdes, que esto es Barcelona. Aquí no hacemos milagros. El “pa amb tomàquet” lo bordamos pero lo de aguantar sandeces no se nos da nada bien. No sufra, que le tratamos bien y le dimos de comer. Siguiendo el consejo de mis amigos, he borrado sus últimos comentarios. ¿Sabe qué me pasa? Que no me gusta que en mi blog se atribuya indiscriminadamente el oficio de meretriz a las madres de las personas (manías que tiene uno). Seguro que habrá entendido, como confío que usted también hará, que un servidor tiene cosas más importantes y edificantes que hacer que atender a las demandas de tan desocupado y rancio personal.

8.- Por lo que respecta a la calidad de su blog, no soy quien para juzgarla. A mí, personalmente no me gusta, pero eso, obviamente, no dice nada a favor ni en contra de ella. A título personal le diré que en mi modestísima opinión cuando el autor de un artículo confiesa públicamente que en lugar de escribir, “escupe”, pues no sé, uno sospecha que dicho autor como mucho puede aspirar a ser articulista de “El Alcázar” o a locutor de la COPE, pero a escritor medianamente inteligente me temo que no. Ya puestos también le diré que no me parecen nada apropiados los artículos en los que ridiculiza a las mujeres, ¿a usted sí? Se me antojan de muy mal gusto y poco respetuosos. Vamos, lo que vulgarmente se conoce como tener la gracia en el culo (disculpe esta licencia poética). Verá, es que aunque no se lo crea existimos algunos hombres que consideramos que las mujeres son iguales que nosotros (más guapas, eso sí). Ignoro si usted tiene pareja y si ésta, caso de existir, es femenina o masculina. Hágame caso y cambie de táctica. Así no se va a comer usted ni un rosco (gratis me refiero).

9.- Siguiendo los consejos que tan amablemente se me dieron en mi post anterior, con usted procederé de manera análoga a como he hecho con su camarada y por tanto eliminaré todos sus comentarios. Como podrá comprobar las personas que visitan este blog utilizan un lenguaje correctísimo y muy educado. Comprenda que es mi obligación procurar que dichas personas no se vean molestadas por semejantes derroches de vulgaridad. Al fin y al cabo ya tiene usted su blog para “escupir” lo que le venga en gana. Que por cierto, estoy intrigado. Si usted en lugar de escribir, escupe, tal y como confiesa, ¿no tiene una halitosis de caballo? A ver si va a ser eso lo que le pasa y de ahí le viene tanta mala uva. Mire que tengo entendido que la halitosis, las hemorroides y las misoginias crónicas son de lo peorcito que hay. Yo de usted iría al médico.

Venga y ahora tómese la medicación y salga a darle de comer a las palomas. Lo veo muy tenso. Recuerde llevarse la bolsita de plástico para recoger las heces que deposite en la calle, póngase el bozal y no asuste a los niños. Las mascotas pueden ser muy simpáticas pero a veces hacen de las suyas.

Que usted lo pase bien, señor. Dé recuerdos de mi parte.

* Mario, me he tomado la libertad de cogerte prestada la imagen. Espero que no te moleste. Gracias.

09 febrero 2007

Regresé

Me he ganado el cielo. Aunque sea bastante difícil creérselo, he estado trabajando estos días en Tenerife (ésa es la razón por la que últimamente no he actualizado el blog). Imaginaos lo duro que es eso. A una persona como yo, que vive en una zona bastante industrializada, con mucho tráfico y con un clima un poco desagradable, le resulta titánico el esfuerzo que tiene que hacer para poderse concentrar en un paraíso como ése, con esos paisajes, ese clima y esa gente tan hospitalaria.
Me encanta ir a las Islas Canarias. Creo que es el lugar más bonito del mundo, pero es que además tengo unos amigos fantásticos allí. Son ese tipo de personas que sin entender el porqué tienes la sensación de conocerlos de toda la vida y sin saber cómo, me hacen sentir como en casa.
A pesar de todo, ha sido duro no poder contestar a las personas que tan amablemente me han escrito ni poder comprobar el estado de ánimo del insólito visitante del cual hablé en el artículo anterior. Me parece que está dormido. Ssshhhh, no hagáis ruido, que no se despierte.

29 enero 2007

Tengo un troll para mí solo

Los que habéis entrado alguna vez en este modesto espacio sabéis que soy un novato en esto de los blogs. Hoy cumplo 56 días. Me introduje casi de casualidad. Podría decirse que intenté, sin conseguirlo, imitar el más que brillante trabajo de un familiar muy cercano del cual no diré el parentesco para que no se me acuse de hacer proselitismo.

El caso es que se me dijo que todo buen blog que se precie debe poder acreditar dos cosas. En primer lugar un contenido atractivo, con artículos bien escritos e historias originales que puedan interesar a quien las lea. Podréis comprobar fácilmente que este humilde blog no cumple, ni de calle, este primer requisito. A pesar de mis esfuerzos, no logro hilvanar un sujeto, un verbo y un predicado de forma interesante ya que mi incapacidad narrativa es más que manifiesta y fácil de constatar. Si bien esta primera característica me pareció más que razonable, la que me llamó la atención fue la segunda propiedad que debe tener todo buen blog. Según me dijeron las fuentes consultadas, debe existir, en los mismos, lo que en el argot de este mundo llaman un “troll”. Hasta hace dos meses, para mí los trolls eran esos monstruitos desagradables que aparecían en las historias de David el Gnomo, sí, ya sabéis, esos bichos con un eterno moco asomando por sus inmensas narices. Más tarde me he enterado que son seres pertenecientes a la mitología escandinava. Pues bien, parece ser que un “troll bloguero” es un ser que se dedica a entrar de forma más o menos deliberada en los espacios de los demás con ánimo de sembrar polémicas absurdas, meterse con la gente y utilizando, en general, un lenguaje un tanto sórdido, vulgar o absolutamente fuera de lugar.

Queridos amigos, puedo decir orgullosamente que tengo un troll.

Estoy que no quepo en mí de gozo. Hay un personaje que contribuye a paliar mi falta de talento (el cincuenta por ciento de lo que necesita un buen blog) con su presencia. ¿Qué os parece? Y me ha salido gratis y sin hacer nada. Si es que los hay con suerte.

De momento no nos conocemos demasiado, lo he adoptado hace tan solo cuatro días, ¡pero es más pintoresco! Es un poco facha, eso sí, pero oye, que soy la envidia de mi barrio. A mis amigas les entran trolls obscenos, salidos y me temo que un poco impotentillos. A otros, les entra el enteradillo de turno que además de ser un plasta suele carecer de todo interés. Pues, chincha, rabia, elis, elis. Para que os muráis de envidia, mi troll es mucho más exótico. De momento no os lo quiero presentar. Lo tengo que pulir un poquito. Ya se sabe que las mascotas dicen mucho de su amo y supongo que los trolls dicen mucho del blog en el que se introducen. Quiero enseñarle, entre otras cosas a decir homosexual (en lugar de maricón), que cuando se es naZional-católico, no está bien visto desear la muerte de la gente y sobre todo le tengo que enseñar un poco de ortografía y de gramática. Nada que no se solucione con un poquito de lectura, de paciencia y de bondad.

Además de hacer pública la dicha de haber adoptado a este ser y de provocar en vosotros la envidia que estáis sintiendo en estos momentos, escribo este artículo porque tengo varias dudas, provocadas por la alarmante inexperiencia que tengo en este mundo. A lo mejor alguno de vosotros me puede ayudar.

1.- ¿Cómo se alimenta un troll? ¿Qué come? ¿De qué vive? Mi troll debe tener una dieta un poco especial porque vierte bilis hasta por las orejas (a ver si va a estar malito, el pobre). Se me dijo que la mejor manera de alimentar a un troll es escribiendo sobre él, por tanto aquí me veis dándole su ración de letras para que las metabolice adecuadamente y las convierta en mala leche. No sé, espero no pasarme de dieta, no sea que me vaya a engordar demasiado. Ya os informaré.

2.- Los trolls, ¿son intercambiables? ¿se lo puedo dejar a alguien prestado? ¿Existen residencias de trolls donde me lo cuiden cuando me vaya de vacaciones? Estoy preocupado. Con lo raro que es mi troll sólo faltaría que en mi ausencia me lo atropellara un coche, o lo que es peor, que me abandonase y se convirtiese en el troll de otro. Mira que los trolls son tremendamente promiscuos y a la que te descuidas, ¡zas! ya son el troll de otro blog.

3.- Los trolls molestan a nuestros invitados y a nuestros amigos, eso es evidente. El mío seguro que más que los vuestros, porque como ya os he dicho, es un ejemplar muy raro, que cuesta mucho de encontrar y creo que pertenece a una especie en vías de extinción. De hecho, hace años abundaban en España, pero a raíz de la caída de un meteorito que si no recuerdo mal llamaban democracia, libertad o algo así, se fueron extinguiendo y ya sólo quedan algunos en zoológicos con nombres raros (JONS, FAES, …).

Yo me pregunto ¿cómo educamos a un troll? ¿Existen centros de adiestramiento para ellos? Sí, ya sé que existen centros donde estos trolls se empapan de fanatismo y de odio a todo lo que no sea como ellos dicen (obervad que no he dicho “piensan”), pero yo me refiero a centros donde un troll, sin perder su exotismo, aprenda a poner acentos de vez en cuando, sea capaz de encadenar más de siete palabras sin decir una sandez y cosas por el estilo. Haciendo un sacrificio, pagaré lo que sea. Todo sea por tener un troll que sea la envidia de mis amigos, que siga haciendo sus gracias, pero que no os moleste cuando me honráis con vuestra visita. Aunque no me gusten, admito que vaya de uniforme y todo. ¡Qué mono que estará con su corbata azul recién peinadito!

4.- Los trolls, ¿deben vacunarse? Os confieso que me da miedo. Me parece que mi troll está un poquito enfermo. En su página tiene enlaces que no me gustan nada porque me lo pervierten e incrementan su homofobia, su xenofobia, su machismo y demás “pequeñas” enfermedades que le ha diagnosticado el veterinario.

¿Qué hago? En parte, su exotismo reside en el hecho que padece dichas enfermedades y que comparte experiencias con enfermos similares. No sé, me da miedo descafeinarlo y que se convierta en alguien normal.

5.- A un troll, ¿le podemos cambiar el nombre? No sé, es que el mío me ha venido ya bautizado y no me gusta el que tiene. No sé cómo decirlo, creo que le falta … glamour. Es excesivamente previsible y un poco cutre. Si alguno de vosotros tiene alguna sugerencia la escucharé encantado.

6.- La vida de un troll es corta. Ya lo sé. Me estoy preparando psicológicamente para el día que me abandone (snif, snif) o el día que sus cuidados requieran la merecidísima atención que no le podré brindar. Imaginaos, mi mujer, mis hijas, mi trabajo, mi decencia y encima el troll dale que te pego. Si llegado ese día me veo obligado a tenerlo que abandonar, os agradecería que dijerais si alguno de vosotros está interesado en adoptarlo. Prometo que os lo entregaré limpito y despiojado. Lo de la caspa va a ser más difícil, porque creo que los de su especie la tienen crónica.

En fin, si alguien, ya sea por experiencia propia o ajena, puede orientarme, se lo agradeceré eternamente. Del correcto cuidado y no excesiva proliferación de estos personajes depende la supervivencia de esas cosas que llamamos decencia, solidaridad, humanidad, libertad, igualdad, etc.

25 enero 2007

La zanja


Llegaron los últimos. El coche de su hijo Paco no daba para más y los caminos que debían conducirlos a su destino estaban demasiado dañados por el paso diario de los tractores que cada mañana acudían a los campos.
Cuando Diego descendió del automóvil, varias miradas escudriñaron su torpe caminar ignorando quizá, que setenta y ocho años es tiempo suficiente para agotar el cuerpo de un hombre al que le faltaron muchas cosas y al que le habían sobrado demasiadas penas. Saludó con el mismo aire huraño y desconfiado que le había acompañado toda su vida y estrechó la mano de cuantos se le fueron presentados, el juez, el secretario, el alcalde, algún periodista y miembros de algunas plataformas relacionadas con partidos de izquierdas. También, cómo no, esperaban las mismas personas que participaban en aquella macabra lotería que se celebraba de vez en cuando. Todos con una flor y con la esperanza de encontrar al fin la respuesta a la pregunta que les había atormentado durante todas sus vidas. El mismo circo de siempre, pensó.
El secretario del juez procedió a leer en voz alta varios documentos. No era la primera vez que acudía a un acto como ése y a pesar de ello el lenguaje técnico judicial se le seguía antojando demasiado absurdo y vacío de contenido. No le prestó la más mínima atención y por los semblantes que mostraban los otros concurrentes, nadie lo hizo. Miró la llanura que se extendía a su alrededor y respiró profundamente el aire húmedo de aquel día nublado y triste.
Ya habían pasado casi setenta años. Toda una vida. A pesar de todo se acordaba tanto él. Todo niño tiene derecho a dejar de serlo junto a su padre, había sostenido siempre. Es extraño cómo funcionan los sentidos de las personas, pensó. A veces no conseguía recordar un olor o una palabra reciente. Sin embargo, cada vez que olía a cáñamo, casi podía ver a su padre en su pequeño taller rodeado de cestas para las uvas, de sogas, de sillas, recibiéndolo con una sonrisa tierna y cómplice a la vez. Los pocos recuerdos que conservaba de él se habían ido dulcificando con el tiempo y se habían adaptado a las pequeñas anécdotas que su madre le había ido contando de vez en cuando. Sólo un hombre como él pudo conquistar a la que sería su mujer construyendo con mimbre, cuerdas y flores un arco que puso en el camino para que ella pasase por debajo.
El padre de Diego siempre procuró que hubiese alegría en la casa. Diego y sus hermanos, ya muertos todos ellos, vivieron bien a pesar de las carencias que pesaban en aquella casa. Su padre se había encargado de inculcarles el respeto a los demás y el amor por la cultura. Cada noche, tragándose el cansancio de catorce horas de trabajo sin descanso, leía algo para ellos. De entre todos los relatos, poemas e historias recordaba una frase que Diego, a pesar de ser ya un anciano, había llevado consigo todos los días de su vida y que, de hecho era uno de los motivos por los que se encontraba allí. Decía algo así como “Siempre has dicho que tenías un padre, que tu hijo pueda decir lo mismo de ti”.
Pero la guerra, la maldita guerra, lo corrompió todo. Su padre no fue al frente pues padecía una dolencia en la pierna derecha que no le permitía caminar sin cojear. A pesar de todo se puso del lado de los que perdieron, aunque eso, en las guerras, no significa nada pues siempre pierden los mismos, da igual el color de la bandera detrás de la cual se alineen. Una noche vinieron a buscarlo. Todavía recordaba el ruido de las botas al pisar el suelo de pizarra de su casa, el abrir y cerrar de puertas. Vio a su padre sujetado, codo con codo con dos falangistas y vio la amargura de su mirada. El terror de verse así delante de su hijo. Le ordenó que no mirara pero cómo obedecer una orden como esa cuando tu madre se arrastraba suplicando que lo dejaran en paz, que no había hecho nada. De aquel momento, Diego conservaba intactas su rabia y la cadena que le arrancó a su padre del crucifijo que éste llevaba en la mano cuando fue empujado al exterior de la casa. Desapareció para siempre. Desaparecieron él y siete hombres más cuyos nombres habrían sido escritos en alguna macabra lista por algun vecino cobarde que los habría delatado para saciar la eterna sed de sangre de los vencedores.
El juez ordenó que se empezase a cavar. La tierra estaba dura por lo que los picos tuvieron que emplearse a fondo. Tras dos horas de esfuerzo apareció lo que años atrás había sido una pala. La pala que algún desgraciado habría tenido que usar para cavar su tumba. Empezó a llover levemente. En el semblante de los funcionarios, una mueca delataba una cierta desidia aumentada por la inclemencia del tiempo.
Ya era mediodía cuando aparecieron los primeros huesos y los primeros cráneos. Todos sucios, con su sonrisa macabra y con un agujero en el occipital. Quién fue el sádico que a esa barbaridad le llamó tiro de gracia.
Lentamente, con mucho cuidado y entorpecidos por la leve lluvia fueron apareciendo los esqueletos. Algunos con restos de algún objeto o de la ropa que vestían el último día que vivieron y otros sin más abrigo que la tierra que los había escondido durante décadas. El corazón de los que miraban se aceleró por momentos y afloraron otra vez las mismas lágrimas derramadas durante años. El silencio sólo se veía roto por el chispeo constante de la escasa lluvia sobre el paraguas que un funcionario le aguantaba al juez y por el sollozo contenido de una mujer enjuta. 
Todos miraban en silencio la escena. Con los dientes apretados y los ojos humedecidos por las lágrimas que delatan la rebeldía contra la injusticia, muchos imaginaron cómo pudo ser el último suspiro de aquellos pobres campesinos, de aquellos pobres artesanos, de aquella buena gente que lo único que quiso fue vivir en libertad, de aquellos héroes que no aceptaron arrodillarse ante los traidores ni ante los fascistas. 
Con pinceles, los técnicos retiraban pacientemente la tierra pegada a los huesos y colocaban pequeños carteles numerados sobre los cráneos mientras hacían fotografías y tomaban notas en sus cuadernos. 
¿Qué es esto?, dijo uno de ellos mientras se concentraba en un objeto encerrado en los huesos de lo que antes había sido una mano. Se afanaron en descubrirlo y apartar la arcilla que lo ocultaba parcialmente. Y entonces todos pudieron ver un pequeño crucifijo sin cadena cubierto de barro. Al verlo, el cansado corazón de Diego dio un vuelco. Cayó de rodillas, llorando amargamente como el niño que le obligaron a dejar de ser aquella fatídica noche. Extendió sus brazos y gritó ¡padre, por qué te hicieron esto! Se abalanzó sobre la zanja, se arrodilló ante del cadáver de su padre y tiernamente acarició los restos de la frente del esqueleto de aquel buen hombre que un día murió por nada y dio la vida por todos. Paco se situó junto al anciano, sin tocarlo, agachado. Le dejó que recuperase durante esos segundos todos los años que le habían robado, se santiguó y murmuró “que Dios le haya acogido en su gloria”.

17 enero 2007

Pasa poco, pero a veces...

Pasa poco, pero a veces los que nos gobiernan, aquellos en los que depositamos nuestra confianza, se hacen dignos de nosotros y, por qué no reconocerlo, hacen aflorar una lagrimilla orgullosa en nuestros ojos.
Hace dos días, el ministro de Justicia, Fernando López Aguilar, que se encuentra de visita en Arabia Saudí, decidió suspender una conferencia que tenía que pronunciar en la Universidad Islámica Imam, en Riad. ¿La razón?, muy sencilla. Prohibieron la entrada a las mujeres periodistas que debían informar sobre el acto.
A pesar de los esfuerzos del protocolo saudí, López Aguilar se negó en rotundo a participar en un acto en el que se discriminase a las personas únicamente atendiendo a su sexo.
Espero que Rajoy no se entere de esto, si no, la que se va a liar.
Olé tus hue..., Fernando.

16 enero 2007

Abatimiento

Este es el parlamento de mi país. Aquí se proyecta la educación de mis hijas, la política de investigación de la que me he beneficiado, la sanidad pública de la que hago uso y tantas y tantas cosas que me afectan cada día a mí y a los míos. En este lugar, que debiera ser un templo para todos, pues en él se catalizan por un lado nuestra libertad y por otro nuestros proyectos como sociedad, ayer se dirigieron a nuestro primer ministro las siguientes palabras: "si usted no cede le pondrán bombas y si no le ponen bombas es porque ha cedido" (Rajoy dixit).
Lo dijo, ni más ni menos, una persona que obtuvo diez millones de votos en las pasadas elecciones, que ha sido ministro de España, que es el líder de la oposición y que casi casi fue presidente del gobierno de mi país.
Con esas palabras, este pájaro, ayer, nos insultó a todos. Y lo hizo en nuestro templo, en el lugar por el que tantos otros dieron su vida o su libertad.
¿Cuántos votos vale un muerto? ¿y un herido? Si el muerto es vasco, ¿vale más o menos? Qué es más rentable, matar a dos ciudadanos de golpe o matarlos hoy a uno y mañana al otro. Los niños, ¿valen por 10?
Hoy ya no estoy rabioso, ni indignado. Hoy es peor, hoy estoy completamente abatido.

14 enero 2007

ETA no

Rajoys, otegis, pedrojotas, txapotes, alcaraces, anbotos, Jiménez-Losantos, pakitos, acebeses, mikelantzas, coperos y demás adalides de la intolerancia y el fanatismo. Os lo hemos podido decir más alto, pero no más claro.
 

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