
Con los puños cerrados ocultando lágrimas de hielo, derrotado por su sangre y arrodillado ante el miedo, renunció a su sueño.
Prisionero, enterró para siempre el mayor de sus anhelos y, entre llantos callados, apagó con la mirada la última llama que alumbraba el vestigio de aquel niño inquieto.
Después, cansado, vencido, en silencio se fue extinguiendo. Hasta que al final, cuando ya nada importaba, convirtió en invisibles sus cuatro recuerdos, para desaparecer en la bruma, sin que su nombre quedase escrito en ningún libro mágico de relatos eternos.
Prisionero, enterró para siempre el mayor de sus anhelos y, entre llantos callados, apagó con la mirada la última llama que alumbraba el vestigio de aquel niño inquieto.
Después, cansado, vencido, en silencio se fue extinguiendo. Hasta que al final, cuando ya nada importaba, convirtió en invisibles sus cuatro recuerdos, para desaparecer en la bruma, sin que su nombre quedase escrito en ningún libro mágico de relatos eternos.







